La huida detrás de un sueño.
Se levanta todos los días a las cuatro de la madrugada; cruza el jardín de su casa de Aravaca y por una escalera exterior de 18 escalones sube a su estudio. Fuera del amplio ventanal amanece o no amanece, los pájaros cantan o no cantan, el sol sale o no sale, pero Juan Genovés empieza a trabajar hasta la hora del almuerzo como si cada hora fuera la primera y la última de su vida.
Noticia de El País